Nuggets caseros (sin leche y sin huevo)

nfd¡Hola, hola!

Qué ganas tenía de retomar estos posts de recetas, en los que intento aportar mi granito de arena al complicado mundo de las alergias alimentarias con comidas y cenas atractivas para los más pequeños y aptas para tod@s. Porque, si me seguís, ya sabéis cuál es mi lema: #losalérgicostambiéncomen. Tengo pendiente contaros cómo han evolucionado los niveles de alergia de Adrián en estos últimos meses, pero os avanzo que todo marcha viento en popa. De hecho, va mucho mejor de lo esperado, aunque ya se sabe… las cosas de palacio van despacio. Pero por aquí no tenemos prisa: la mayoría de las cosas a las que renunciamos son superfluas, por lo que me mantengo firme en mi idea de que hay que buscar el lado positivo a todo, incluido el tema de las alergias en niños.

Hoy os traigo una receta de nuggets caseros. No sé si sabéis cómo se hacen los nuggets industrialmente, pero probablemente después de descubrirlo no queráis ni oír hablar de ellos. Os dejo información detallada en este enlace, pero os avanzo que el famoso chef británico Jamie Oliver denunció a McDonald por utilizar hidróxido de amonio para ‘lavar’ sus hamburguesas y sus nuggets de pollo. Y por utilizar partes de los animales que no son aptas para consumo humano. Obviamente, ganó y Mc Donald tuvo que dar un paso atrás.

Si os estáis llevando las manos a la cabeza porque vuestros peques son fan de esta comida, no os preocupéis. Con esta receta, siempre tendréis listos unos cuantos nuggets en el congelador para freír en el momento (u hornear) y solucionar una cena en cosa de 10 minutos. Mi versión no lleva leche de vaca ni huevo, por lo que es apta para los niños con alergia a estos alimentos.

¿Qué necesitamos?

  • 2 pechugas de pollo.
  • 1 rebanada de pan de molde (en mi caso utilizo pan integral y me aseguro de que no lleva nada de leche).
  • 1/2 vaso de leche vegetal (normalmente uso de arroz o de soja).
  • Sal y pimienta (opcional)

Para el rebozo:

  • Harina de garbanzos.
  • Pan rallado.

¿Cómo lo hago yo?

1. Equipo el robot Moulinex Cuisine Companion con la cuchilla de amasar/picar y añado las pechugas de pollo cortadas en trozos, la rebanada de pan de molde y el medio vaso de leche vegetal. Programo a velocidad 11 durante un minuto para que pique todo.

2. Disuelvo tres cucharadas de harina de garbanzo en un chorrito de agua hasta conseguir una textura similar a la del huevo. Agrego un chorrito de vinagre para matar el sabor de los gabanzos, que es un poco fuerte para mi gusto.

3. Hago bolitas con la masa y les doy forma de bastón (técnicamente hago fingers en vez de nuggets, pero para Adrián son más cómodos de manejar así). Paso por el ‘no huevo’ y rebozo en pan rallado.

4. Una vez hecho el nugget, puedes freírlo en abundante aceite caliente o, si prefieres evitar los fritos, hornearlos. En mi caso, los suelo tener unos 25 minutos a 200 grados, con calor por arriba y abajo, pero ya sabéis que cada horno es un mundo, así que os tocará ir probando. En la foto que he colgado están hechos en el horno. No quedan tan doraditos, pero están buenísimos y son más sanos.

Los que te sobren sin hacer puedes congelarlos sin problemas. Así los tendrás a mano para solucionar cualquier cena express sin recurrir a platos precocinados o fast food.

¿Y si no tengo robot de cocina?

1. Introduce las pechugas, el pan de molde y la leche en una picadora y tritura hasta que quede una masa con todos los ingredientes integrados. El resto de pasos son los mismos. Sencillo, ¿verdad?

¡Qué aproveche!

Y finalmente… ¡otro niño!

esunninoPues sí, ya parece que no hay dudas: ¡es otro niño! En el post en el que os anunciaba mi embarazo os contaba que en la ecografía de las 12 semanas nos dijeron que parecía una niña claramente, pero no debía estar tan claro porque en la de las 20 nos lo cambiaron de sexo :) Así, de sopetón. ¿Os dijimos niña? Ups, pues por lo que yo estoy viendo aquí va a ser que no… Es un niño… ¡y bien dotado!

Si me seguís habitualmente sabréis que, desde el principio, no le hice mucho caso a lo de que parecía niña. Ya os dije que siempre hablaba de hermanito/a, bebé y cosas así. Era como si, en el fondo, supiera que iba a ser otro chico. Conozco a alguna mamá que llevó muy mal el cambio de chip porque ya se había hecho a la idea o porque le hacía mucha ilusión tener una niña en casa. Reconozco que no fue mi caso: en este embarazo me daba bastante igual el sexo del bebé. De hecho, le veo bastantes ventajas a que sea otro niño, aunque mucha gente no comparte mi opinión y cuando les doy la buena nueva casi me dan el pésame por traer dos varones al mundo. Al principio os confieso que me cabreaba un montón con este tema, ahora me río abiertamente porque, seamos sinceros, ¡es una chorrada!

Nosotros estamos muy contentos y sólo tenemos ganas de que llegue ese día en el que veremos la carita a nuestro pequeñín que, por cierto, ya tiene nombre: ¡Leo! Lo ha elegido Elpadredelacriatura, con el beneplácito de la Madredelacriatura, claro. Y cada vez que lo decimos nos gusta más. La verdad es que ya no nos queda nada para ser bipadres: estoy a punto de cumplir 26 semanas, por lo que en breve empezaré el tercer trimestre. ¡Tres meses! ¡Es muy poco tiempo! Y tanto a la vez… Ay… ¡qué ganas de caos! :D

¿Y vosotr@s? ¿Qué tal lleváis el verano?

Primer trimestre del segundo embarazo

Mañana cumplo 19 semanas de embarazo, así que dejé el primer trimestre hace ya bastante tiempo. Pero, aunque sea a toro pasado, quería hablar de él: de cómo me sentí, de cómo me fue y de cómo me agobié. No quiero olvidarme de nada relacionado con este segundo embarazo: ni de lo bueno, ni de lo menos bueno. Cuando os anuncié que tenía otro bollito en el horno, ya os dije que estaba viviendo mi estado de buena esperanza de una forma muy distinta a cómo lo viví con Adrián. Y es verdad. Ni mejor, ni peor: diferente.

sombra de mujer embarazoBueno, al principio lo llevé un poco peor, la verdad. Tuve mucha suerte y, como pasó con Adrián, la cosa fue muy rápida. Del vamos a ponernos sin prisa al estamos embarazados pasaron cosa de 20 días, con lo que la alegría fue enorme, claro, pero el shock de justo después también. Y eso que yo ya me lo imaginaba porque confirmé que mi primer síntoma de embarazo es el insomnio: concretamente, despertarme a las tres de la mañana fresca como una lechuga y no poder volverme a dormir. Pero una cosa es sospecharlo y otra confirmarlo.

Empecé a sentirme mal muy pronto. Tuve unas náuseas horribles que no tenía ni idea de que existían porque en mi otro embarazo vomitaba de vez en cuando, pero me quedaba a gusto. Vivía pegada al wc y con un humor de perros. Por las noches dormir con Adrián abrazado a mí era un suplicio porque el mal cuerpo me acompañaba las 24 horas. Vamos, nada que ver con mi primer angelito, con el que llevé una vida de lo más normal. Con este panorama, no tardaron en asaltarme los agobios y empecé a machacarme a mí misma de tal manera, sintiendo que no iba a ser capaz de atender bien a mis dos hijos, que había días en los que estaba verdaderamente triste. Y, claro, me sentía peor por no estar dando botes de alegría, como debería. Sólo pensaba en Adrián y en todo ‘lo malo’ que le iba a traer tener que compartir a sus padres con un hermanito. Casi me olvidé de todas las buenas razones que tenemos para darle un amigo tan pronto (nuestra gran ilusión desde siempre), que esté con él toda la vida y le haga sentir todavía más feliz.

No queda muy bien contarlo, pero durante bastantes semanas me sentí así. Poca gente de mi entorno lo sabe, claro. Pero si tú querías, ¿no? Y quiero, respondía yo sin saberme explicar mejor. Por suerte, poco a poco la cosa se fue normalizando. Me hablaron del Cariban, del que yo nunca había oído nada porque en el otro embarazo todo fue miel sobre hojuelas, y sentirme mejor físicamente me ayudó a estar también mejor mentalmente. Empecé a ilusionarme de nuevo, a imaginarme con un bebé en el fular y otro de la mano, las noches llenas de besos y abrazos a los dos lados, la teta, los juegos entre dos hermanos tan parejos en edad… y se me pasaron todos los males. Ya casi ni me planteo cómo vamos a dormir porque, sinceramente, me da igual. Ya todo me da igual porque sé que, sea en una cama o en dos, saldremos adelante. He vuelto a ser yo y a sentirme poderosa, pero durante unos meses me hice muy pequeñita.

No tenía pensado contaroslo, ya sabéis: qué vergüenza, ¿no? ¿Qué van a pensar de mí? Mejor me centro sólo en lo positivo. Pero luego, reflexionando sobre ello, me he dado cuenta de que esa etapa ha formado parte de este embarazo. Me guste o no ha estado allí. Y me ha hecho tener mucho miedo. Pero ese miedo se ha transformado en otra cosa y ahora sé que estoy un poquito más preparada para los agobios propios de la bimaternidad. Y que si un día y otro no estoy a la altura, siempre vendrán los siguientes para volver a intentarlo.