Dos años después… ¡dormimos mejor!

Fuente: Google Images.

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Llevo varias semanas detrás de escribir este post, pero había algo que me echaba para atrás a la hora de redactarlo y, por eso, todavía no había visto la luz. Básicamente, se podría decir que tenía (y tengo) miedo a contároslo y que se rompa la magia. Porque esto es MAGIA y de la buena. ¡Qué digo de la buena: de la buenísima! De ésa que te gusta tanto que te da igual si tiene truco o no. No, bromas aparte: no es magia. Es una cuestión evolutiva que, en nuestro caso, ha tardado 24 meses en llegar. Pero que (según parece) ha llegado.

Me refiero al sueño de Adrián, que en los últimos meses se ha ido normalizando hasta que antes de ayer, día 19 de septiembre de 2016, nos regaló su primera noche del tirón. Después de 24 meses y 17 días, aguantó una noche entera sin despertarse. Todo un hito para nosotros, que las hemos pasado canutas con este tema. Quien haya pasado por algo parecido me entenderá, quien no quizá piense que exagero.

¿Qué hemos hecho para conseguir este cambio? Pues absolutamente nada. Dejar pasar el tiempo y, si me apuráis, perder la fe. Si me hubierais preguntado hace unos meses por el tema, os hubiera dicho con pleno convencimiento que los cuatro y cinco despertares iban para largo. Entendiendo por largo muchos meses o, incluso, años. Después de los diez-doce del año pasado, tampoco estaba tan mal, ¿no? Pero, con la llegada del verano, algo hizo clic en la cabeza de mi pequeño y, poco a poco, empezó a despertarse menos. Al principio tres veces, luego dos y, desde hace un par de semanas, algunas noches sólo se ha despertado en una ocasión, generalmente para pedir agua y volver a dormirse rápidamente. También tiene sus días malos, claro, pero no son la norma como hace algún tiempo. Y, con eso, me conformo. No aspiro a que se convierta en una marmota de la noche a la mañana. No hace falta, aunque estaría bien :)

La verdad, estoy muy feliz. El descanso de Adrián es un tema que nos ha traído muchos quebraderos de cabeza en estos dos años. No sólo por nosotros, que os aseguro que el hecho de no descansar correctamente día tras día pasa factura a todos los niveles, sino por él. En la guardería me decían que llegaba muy justo de sueño a la hora de comer y que en el patio a veces se le veía muy cansado. No os imagináis la impotencia y la culpabilidad que sientes cuando, a pesar de acostarle muy pronto, ves que no está al 100%. Y lo hemos intentado todo, excepto métodos tipo Estivill que ya sabéis que no me gustan: colecho, cuna en nuestra habitación, cuna en la suya, colchoneta… Al final, lo que mejor nos ha ido ha sido quitar la barandilla y unir la cuna a nuestra cama para ampliar el espacio a la hora de dormir. Aunque, sinceramente, no creo que tenga que ver con la mejoría del sueño. Eso, como digo, llega cuando tiene que llegar.

¡Un abrazo!

Aumento de peso en el embarazo: ¿cuánto es normal?

peso-embarazoNo sé si os ha pasado lo mismo, pero a mí, cuando me quedé embarazada de Adrián, me asaltaron muchas dudas en relación al peso en el embarazo. No era un tema que me obsesionara ni me quitara el sueño, pero sí me interesaba tener una idea de cuánto era “normal” engordar y cuánto no. Sobre todo por aquello de saber si, a medida que pasaban las semanas, iba por el buen camino o me estaba pasando de la raya. Ahora, embarazada por segunda vez, también me gusta llevar un control, aunque no sea férreo, de lo que voy engordando. Primero porque creo que es bueno no coger muchísimo peso de cara al parto. Segundo porque necesito estar lo más ágil posible en estos últimos meses para poder atender correctamente a Adrián. Y tercero porque considero que el embarazo es un momento estupendo (tan estupendo como otro cualquiera) para adquirir buenos hábitos alimenticios.

Las matronas de mi centro de salud son, al menos a mi juicio, demasiado estrictas con el tema. He tenido a tres distintas: dos en el primer embarazo y una en este segundo. Pues bien, puedo decir que todas son unas exageradas: te meten muchísima caña sin que sea necesario. Por supuesto, lo digo desde el punto de vista de una embarazada de a pie de calle a la que le interesa cada vez más la nutrición, pero no es para nada experta en el tema. Recuerdo que con Adrián, que empecé el embarazo con ligero sobrepeso según las tablas de IMC, me cayó una bronca monumental por haber engordado cuatro kilos en cinco meses y medio. Me llevé un disgusto de campeonato porque precisamente durante el embarazo había cuidado más que nunca mi alimentación. Además, me metieron mucho miedo acerca de la diabetes gestacional y me limitaron el consumo de frutas (¿?) a un máximo de tres piezas diarias, preferiblemente manzana, naranja y pera. Y, por supuesto, también el de hidratos de carbono: una vez por semana como mucho. En su momento no había leído apenas nada sobre nutrición y me lo creí a pies juntillas, aunque hice lo que buenamente pude. Hoy no les haría ni caso.

En esta ocasión, de hecho, con otra matrona distinta y empezando el embarazo con normopeso (6 kg menos que el anterior), me volvió a caer un gran rapapolvo por haber cogido 2 kg en cuatro meses. No sé cuánto debía haber engordado según su criterio, pero volvieron los consejos de comer como en un hospital si quería tener un parto satisfactorio. Le conté que con Adrián cogí diez kilos y, desde luego, de satisfactorio poco, pero insistió en que para tener un parto vaginal bueno no podía coger más de 8 kilos. ¿En serio?

mama-come-sanoEn fin, que cuando hace unos meses me terminé el libro ‘Mamá come sano’, de Julio Basulto, me dije que tenía que escribir este post. La verdad es que es un libro en el que el autor no es que te descubra América, pero sí te recuerda cómo debemos comer en nuestro día a día. Te hace hincapié en la importancia de incrementar la presencia de alimentos vegetales en tu día a día, de introducir las harinas integrales, de reducir la sal y el azucar, las carnes rojas, los embutidos y, por supuesto, los productos precocinados. Y una cosa que me vino como anillo al dedo: te insiste en que lo que tienes que beber es AGUA y no todo lo demás. Como veis, nada milagroso, pero para mí es, sin duda, un libro 100% recomendable. Además, incluye una tabla muy útil para las que, como yo, quieren saber si están dentro de la normalidad en el peso o no.

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* Información publicada en el libro ‘Mamá come sano’, de Julio Basulto, y extraída de un artículo del autor publicado en el blog de La Sirena.

Eso sí, el propio autor lo dice muy claro: son datos orientativos que no hay que seguir al pie de la letra y con los que no hay que obsesionarse. Lo bueno de este gráfico, a mi parecer, es que es bastante más flexible que otros y que no se queda en eso de engordar un kilo por mes que se oye en todas partes. El autor, además, repite en varias ocasiones que las mujeres embarazadas no tenemos una varita mágica para determinar cuánto engorda nuestro cuerpo en una semana. Y esa empatía se agradece. Por supuesto, insiste en que durante el embarazo (a no ser que un profesional estime lo contrario) hay que engordar. Y desaconseja totalmente la dieta en estos meses porque puede ser muy perjudicial para la madre y el niño.

Por eso, si estáis buscando una guía para controlar el peso en el embarazo, esta tabla puede ayudarte. Aunque lo realmente útil es que cambies tu manera de comer para toda la vida. Y, para eso, este libro puede ser un gran punto de partida.

¿Y tú? ¿Le das importancia a los kilos que coges durante el embarazo? ¿Crees que es el momento de cambiar de hábitos?

Nuggets caseros (sin leche y sin huevo)

nfd¡Hola, hola!

Qué ganas tenía de retomar estos posts de recetas, en los que intento aportar mi granito de arena al complicado mundo de las alergias alimentarias con comidas y cenas atractivas para los más pequeños y aptas para tod@s. Porque, si me seguís, ya sabéis cuál es mi lema: #losalérgicostambiéncomen. Tengo pendiente contaros cómo han evolucionado los niveles de alergia de Adrián en estos últimos meses, pero os avanzo que todo marcha viento en popa. De hecho, va mucho mejor de lo esperado, aunque ya se sabe… las cosas de palacio van despacio. Pero por aquí no tenemos prisa: la mayoría de las cosas a las que renunciamos son superfluas, por lo que me mantengo firme en mi idea de que hay que buscar el lado positivo a todo, incluido el tema de las alergias en niños.

Hoy os traigo una receta de nuggets caseros. No sé si sabéis cómo se hacen los nuggets industrialmente, pero probablemente después de descubrirlo no queráis ni oír hablar de ellos. Os dejo información detallada en este enlace, pero os avanzo que el famoso chef británico Jamie Oliver denunció a McDonald por utilizar hidróxido de amonio para ‘lavar’ sus hamburguesas y sus nuggets de pollo. Y por utilizar partes de los animales que no son aptas para consumo humano. Obviamente, ganó y Mc Donald tuvo que dar un paso atrás.

Si os estáis llevando las manos a la cabeza porque vuestros peques son fan de esta comida, no os preocupéis. Con esta receta, siempre tendréis listos unos cuantos nuggets en el congelador para freír en el momento (u hornear) y solucionar una cena en cosa de 10 minutos. Mi versión no lleva leche de vaca ni huevo, por lo que es apta para los niños con alergia a estos alimentos.

¿Qué necesitamos?

  • 2 pechugas de pollo.
  • 1 rebanada de pan de molde (en mi caso utilizo pan integral y me aseguro de que no lleva nada de leche).
  • 1/2 vaso de leche vegetal (normalmente uso de arroz o de soja).
  • Sal y pimienta (opcional)

Para el rebozo:

  • Harina de garbanzos.
  • Pan rallado.

¿Cómo lo hago yo?

1. Equipo el robot Moulinex Cuisine Companion con la cuchilla de amasar/picar y añado las pechugas de pollo cortadas en trozos, la rebanada de pan de molde y el medio vaso de leche vegetal. Programo a velocidad 11 durante un minuto para que pique todo.

2. Disuelvo tres cucharadas de harina de garbanzo en un chorrito de agua hasta conseguir una textura similar a la del huevo. Agrego un chorrito de vinagre para matar el sabor de los gabanzos, que es un poco fuerte para mi gusto.

3. Hago bolitas con la masa y les doy forma de bastón (técnicamente hago fingers en vez de nuggets, pero para Adrián son más cómodos de manejar así). Paso por el ‘no huevo’ y rebozo en pan rallado.

4. Una vez hecho el nugget, puedes freírlo en abundante aceite caliente o, si prefieres evitar los fritos, hornearlos. En mi caso, los suelo tener unos 25 minutos a 200 grados, con calor por arriba y abajo, pero ya sabéis que cada horno es un mundo, así que os tocará ir probando. En la foto que he colgado están hechos en el horno. No quedan tan doraditos, pero están buenísimos y son más sanos.

Los que te sobren sin hacer puedes congelarlos sin problemas. Así los tendrás a mano para solucionar cualquier cena express sin recurrir a platos precocinados o fast food.

¿Y si no tengo robot de cocina?

1. Introduce las pechugas, el pan de molde y la leche en una picadora y tritura hasta que quede una masa con todos los ingredientes integrados. El resto de pasos son los mismos. Sencillo, ¿verdad?

¡Qué aproveche!