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Alimentación complementaria (IV): ¡Adiós purés!

Messy baby playing with spaghettiVolvemos a la carga con un nuevo post sobre alimentación complementaria, esta vez para contaros cómo en los últimos meses hemos dejado a un lado los purés de verdura para comer en cachitos. Como en todo, Adrián ha sido quien ha marcado su propio ritmo y quien, a principios de verano, dejó claro que estaba harto de tanta cuchara.

Fue fácil identificar sus preferencias porque, tal y como os contaba en este post, en casa siempre hemos alternado los triturados con los alimentos sólidos. De hecho, desde bien pequeño prefiere la fruta entera que en papilla, por lo que con siete u ocho meses era habitual verle comiendo una raja de sandía, un cacho de pera o un plátano. Y aunque mucha gente se llevaba las manos a la cabeza, él masticaba todo y se quedaba tan pancho.

Con la llegada del calor, empezó a rechazar los purés y a pedir más fruta. Primero pensamos que sería por estar más fresquita y tener más agua, pero después probamos a darle ‘comida normal’ en trozos y se puso como el Quico. Así que blanco y en botella… ¡Adiós purés! Sólo recurríamos a ellos cuando íbamos a comer donde las abuelas, a las que al principio les costaba un poco asumir que el bebé se alimentaba igual de bien o mejor que pasando todo por la batidora.

Desde entonces, se ha abierto un mundo de posibilidades para mí. Por un lado, es más cómodo porque en muchas ocasiones puedo hacer una misma comida para todos. Tengo que tener mucho cuidado con el huevo y la leche, así que la mayoría de las veces opto por preparar algo que no contenga ninguna de las dos cosas. Pero, por otro, a pesar de estar encantada con el cambio, es más incómodo. Me explico: ya no vale con dedicar una tarde a hacer purés de carne y de pescado, envasarlos en botecitos, congelarlos e ir tirando toda la semana. (Por no hablar de los tiempos, que son muy distintos a los nuestros). Ahora cada día hay que pensar una comida y una cena (porque madre mía cómo cena mi niño). Tienen que ser variadas y, por supuesto, nada de una tortilla francesa y listo… porque las alergias, queramos o no, limitan. No puedo abrir la nevera e improvisar porque quizá muchas cosas que hay dentro no puede tomarlas. Ni tampoco tirar de precocinados porque casi todo lleva leche o huevo, o trazas.

¿Y qué hago entonces? Pues ponerme las pilas y, a pesar de estar en plenas vacaciones de verano, planificar mis menús semanales recurriendo a estos organizadores tan bonitos que os presentaba en este post. ¿Os acordáis? Para mí por entonces eran útiles, pero ahora se han vuelto imprescindibles. Aún así, muchas veces se me acaban las ideas y no sé ni por dónde tirar.

Un par de amigas con hijos (una de ellas con uno alérgico a la proteína de la vaca) me han recomendado encarecidamente comprar un robot de cocina para ahorrar tiempo y ampliar la variedad del menú más fácilmente. Y me lo estoy pensando. Sobre todo por el tema de las alergias, que me impide comprar muchas cosas ya hechas y me ‘obliga’ a hacerlas yo misma (ya os contaré en un post que esto, aunque dé pereza, lo considero una especie de ventaja derivada de las alergias). Especialmente me sería muy útil para hacer cosas de desayuno, postres, masas, etc. Pero… ¿y si lo uso dos días y luego me olvido de él? ¿y si no merece la pena invertir el dineral que cuesta?

Siempre que voy a comprar algo nuevo me entran las dudas. Así que aprovecho para preguntaros por aquí si vosotr@s tenéis robot de cocina en casa, si os parece útil, si habéis ahorrado tiempo con él… ¡Y también me gustaría saber cómo y cuándo dijisteis adiós a los purés! Si fue un engorro o un alivio. ¿Me lo contáis?

Un abrazo

Dos Rayitas

Periodista y bimadre primeriza que comparte sus in-experiencias en el mundo de la maternidad y la crianza con apego.

8 Comments

  1. Por un lado te puedo decir que tengo la thermomix y estoy encantada, y eso que no le saco todo el rendimiento que podría… Por otro lo de que coman “entero” está genial porque no tienes que hacer distintas comidas, pero por otro lo qie tu dices, haces puré un día y ya te olvides toda la semana. De la otra manera estás siempre pensando qué hacer de comer y cenar para que sea de forma equilibrada, lo que ya de por sí es un coñazo, así que no me quiero ni imaginar con esas intolerancias, porque últimamente me fijo y la mayor parte de lo que compras tiene como mínimo trazas… Así que de verdad espero que se le pase con el tiempo!!
    Un beso guapa

  2. Yo tengo también le Thermomix y también me parece un acierto. Como la mamá del anterior comentario, no le saco todo el rendimiento que debería, pero me saca de muchos apuros y gracias a ella también salimos del “sota, caballo y rey”, aunque eso no siempre es una “buena noticia” para los niños, jejejejeje.

    Es cierto que la inversión asusta pero, por lo menos cuando yo la compré, dan facilidades de pago y casi ni te enteras. Creo que en tu caso, además, siendo cocinillas, te vendría muy bien porque puedes adaptar las recetas a las necesidades de Adrián. Además, puedes hacer galletas, gominolas, batidos… y un largo etcétera de cosas ricas que, en condiciones normales, no podría comer.

    • Ains, si es que me estáis poniendo los dientes muuuy largos. Aunque por lo que voy viendo igual me lanzo a por el otro, que tiene muy buena pinta. Ya os contaré. ¡Un abrazo y gracias por comentar!

    • ¡Cuánto me alegra leer que te gusta el blog y que te quedas perenne! Y muchas gracias por el premio! La verdad es que hasta que no le diagnosticaron varias alergias no me planteé comprar un robot, pero bueno las circunstancias han cambiado y al final hemos optado por comprar uno… no la thermomix porque su precio es astronómica… pero uno bastante completo!! Un abrazo

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