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Buscando el lado positivo… de las alergias alimentarias

lado-buenoYo no soy optimista por naturaleza. De hecho, diría que la mayoría de las veces me sale ser un poco ceniza, de esas personas que cuando pasa algo siempre se ponen en lo peor y empiezan a formular pensamientos negativos como para regodearse en la mierda. De las que no saben relativizar, ni quitar hierro al asunto. Por suerte, hace ya bastante tiempo me di cuenta de lo importante que es la actitud en la vida; empecé a cambiar el chip, a dejar de hacerme la víctima y a olvidarme un poquto del yo-yo-yo en el que estaba sumida.

Cuesta, pero se puede. Sólo hay que practicar siempre que haya ocasión. Por eso, cuando descubrimos que Adrián tenía vrias alergias (a la proteína de la leche de vaca, al huevo y a la piña de momento), antes de escuchar a esa voz que seguro me iba a repetir que qué mala suerte había tenido en esta vida, me propuse buscar el lado positivo del asunto. Y, la verdad, no fue tan difícil encontrar cosas buenas detrás de una noticia mala. ¿Queréis saber cuáles están siendo, para mí, los aspectos positivos de esta historia de las alergias? Por supuesto, puede que sean cosas que otras madres sin niños alérgicos hagan de por sí, pero a mí me están sirviendo para llevar mejor este tema y ser consciente de que tampoco es para tanto.

1. Comer sano ya no es tanto una opción, sino una obligación.

Muchas mujeres cuando nos quedamos embarazadas empezamos a ser conscientes de que no comemos todo lo bien que deberíamos y decidimos que ha llegado el momento de cambiar lo que no nos gusta. Lo haces por ti, pero sobre todo pensando en el bebé que tienes dentro, que por supuesto va a comer sanísimo cuando sea más ‘mayor’. Pero luego, entre el cansancio y la falta de tiempo, la fiebre nutricional puede que haga aguas (en mi caso hubiera hecho) y que poco a poco vayas cediendo terreno a favor de las galletas, los petit suisse (digo Danoninos) y demás cosas preparadas que suelen hacer las delicias de los niños y los abuelos.

En el caso de los alérgicos, es ‘más fácil’ poner freno al exceso azúcar. La mayoría de las cosas preparadas no las pueden comer y, por ejemplo, las galletas suelen (y digo suelen porque hay de todo) llevar menos azúcares añadidos. Yo ya os conté que en nuestro caso no las comemos, más que por convicción nutricional, porque a mi retoño no le hacen gracia. Es más de ‘salao’.

2. Comida casera.

No obstante, siempre digo que #losalergicostambiencomen y, por eso, desde el primer momento empiezas a buscar alternativas a todo lo que no pueden comer. El día a día se sobrelleva más o menos bien si estás acostumbrado a cocinar comida casera, pero ¿qué pasa en las ocasiones especiales? ¿En los cumpleaños? ¿En los días de fin de semana que quieres desayunar algo diferente? Pues lo único que pasa es que te toca pringar y hacerlo tú todo: los sandwiches, las tartas, las empanadas, las pizzas, los bizcochos… Y sin huevo doy fe de que la cosa se complica muchísimo en el tema dulce. Pero poder se puede.

¿Y qué hay de positivo en todo esto? Primero que generalmente donde esté una cosa casera… que se quite lo demás. Después, que las cantidades de azúcar, conservantes, colorantes, etc. se reducen muchísimo. Y, por último y más importante, que sabes exactamente lo que coméis todos. Porque…

3. Te ayuda a coger (buenos) hábitos

Si tienes que hacer todo casero por ‘obligación’ y encima esa obligación tiene que ver con la salud de tu hijo… no flaqueas. No puedes decir uf, es que voy fatal de tiempo para esta tarde, bah, esta vez me acerco al Mercadona y compro una de esas trenzas riquísimas que nos gustan a todos en la familia y ya para la próxima reunión me curro yo un postre. No. No es viable. Así que aprendes a organizarte mejor y a incluir ciertas cosas en tus rutinas. Si esas rutinas las llevas a cabo durante algún tiempo… se convierten en hábitos. Y dicen que los hábitos cuesta mucho romperlos, ¿no?

Vamos, que yo creo que si durante x años me acostumbro a hacer unas magdalenas caseras para desayunar los domingos (por ejemplo), cuando ya no sea una obligación seguiré haciéndolas porque lo tengo bastante interiorizado. Y porque espero que a mi hijo le gusten más que las industriales, ja, ja, ja.

4. Aprender a leer etiquetas y descubrir qué cosas comemos.

Yo soy de las que piensa que hasta que no te pasa algo así no lees las etiquetas en profundidad y no te planteas según qué cosas. O sea, yo sí había mirado las calorías y los hidratos y esas cosas, pero nunca me había planteado, por ejemplo, que le echaran leche a multitud de cosas. O que el embutido lleve gluten (¿qué c*** pinta el gluten ahí?). O lo asqueroso que resulta el tema de las trazas. Porque a mi juicio es asqueroso darte cuenta que la cinta por la que va el jamón york transporta también algo que lleva leche, cacahuetes, soja y mil cosas más. Y que todo acaba mezclándose de una forma u otra.

En fin, que sin ser muy tiquismiquis (me oirás más de una vez que lo que no mata engorda)… el tema del etiquetado te hace reflexionar. E indagar por ahí y decir: esto nunca, nunca, nunca. Por cierto, si quieres aprender a leer el etiquetado para no consumir productos con leche y huevo pincha aquí.

5. Ser más empático

Pues eso, entiendes mucho mejor a otros padres que antes te parecían ‘demasiado controladores’, o ‘protectores’, o ‘histéricos’. Piensas siempre en el resto de los niños, si tienen alguna alergia o intolerancia, para llevar productos aptos para todos. Quieres compartir todo lo que vas aprendiendo para que otros padres y madres se puedan beneficiar también de tus descubrimientos… En fin, que te hace pensar más en los demás y darte cuenta que detrás de cada actuación/decisión de una familia hay un por qué.

Y hasta aquí mi lista. Tener un niño alérgico es una faena y una preocupación máxima porque no siempre puedes controlar lo que come o deja de comer. Pero, en mi opinión, lo más importante es normalizar el asunto y buscar alternativas para que nunca se sienta desplazado. Para ello, creo que es fundamental estar tranquilos y asumir que todas las monedas tienen dos caras. Si nos centramos en las cosas positivas y adaptamos nuestros hábitos a sus necesidades no tiene por qué ser tan difícil, ¿no?

¿Vosotr@s cómo lo veis?

Un abrazo

Dos Rayitas

Periodista y bimadre primeriza que comparte sus in-experiencias en el mundo de la maternidad y la crianza con apego.

5 Comments

  1. Me parecen unos tips fundamentales porque cada vez hay más niños y niñas que sufren alguna intolerancia alimentaria y si somos capaces de gestionar y normalizar la situación adaptando la alimentación del núcleo familiar es estupendo. Un abrazo y gracias por este post tan interesante.

    • Muchísimas gracias! La verdad es que a mí me ayudan mucho los blogs que leo y si puedo echar una manita con lo qye voy aprendiendo… será estupendo! Un besooo

  2. Genial esa forma de ver las cosas!!! tienes toda la razón y hemos de aprender de las adversidades y sacarle el lado positivo. En la clase de UNMF hay un niño con muchísimas alergias, ufff y eso me ha hecho plantearme la importancia de este tema, yo estoy tan tranquila cuando mi hijo está en el cole, pero esa madre…qué difícil!!!

    • Jeje, no todo el rato soy tan positiva… ¡ni mucho menos! Pero es que en este tema quiero amargarme lo menos posible… porque no quiero que afecte a Adrián en nada más que en lo estricto y necesario. Y lo del cole… ya te digo yo que es una preocupación, pero bueno cuando hablas con ellos te das cuenta de que tienen mucha experiencia y se enfrentan a estos casos todos los días, así que lo tienen todo muy bien montado. De hecho, conciencian mucho a los niños y a los compañeros, lo que se agradece muchísimo también. ¡Un abrazo!

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